Las fiestas navideñas son una oportunidad enorme de crecimiento espiritual y personal, y podemos utilizarlas para propulsarnos hacia los objetivos del año que entra (o podemos no hacer nada y ver cómo se repiten los patrones del año pasado, y del anterior, y del anterior…). Como siempre, nosotros elegimos y es a través de estas decisiones que configuramos nuestra realidad.
Por ejemplo, empecemos por las comilonas navideñas. Si nuestros estómagos, sistemas digestivos y demás partes del cuerpo pudieran hablar, seguramente nos agradecerían que tuviéramos mesura en los festines familiares. Parece sencillo, ¿no? ¿Entonces por qué cada año comemos y bebemos más allá del hambre y de la capacidad elástica de nuestras barrigas, como si no hubiera un mañana? Después del café y la copa y el puro y los turrones y los frutos secos, grandes digestivos, quedamos hincados en el sofá durante horas, sabiendo que se nos ha ido un poco de las manos el banquete, ya ni te cuento si es de noche y nos vamos a la cama, rodando. Exagero pero estoy segura de que no es una escena desconocida para nadie.
Lo más gracioso es que luego, en los propósitos de año nuevo, contemplamos apuntarnos a un gimnasio o empezar dietas sin pies ni cabeza para arreglar el desbarajuste de las fiestas… como el año anterior, y el otro… Mucha gente que se engorda en fiestas luego va arrastrando cierto sentimiento de culpabilidad o baja autoestima que fácilmente podría ser evitado moderándonos un poquito ahora. Podemos, por ejemplo, ejercer cierta disciplina sobre nuestro gusano-gula navideño, y comer bien y de todo pero sin pasarnos. Parece obvio, pero a mi alrededor (y, para qué engañarnos, en mi propia persona) veo cada año el mismo cuento. Así que aprovechemos para educar a nuestros egos mimados y aprendamos a decir Hasta aquí, y a ponernos límites. Los beneficios son múltiples y ¡sienta genial!
Otra historia es el reencuentro con la familia y amigos, disponiendo de tiempo libre como pocas veces tenemos durante el año. Como sabéis hay momentos muy hermosos pero también pueden surgir roces y disputas que el resto del año ¡no tenemos tiempo de tener porque nos vemos poco! Aquí habrá que practicar el principio de Reiki de no enfadarse y hacer lo posible por crear un buen ambiente y armonía, estén como estén los demás. Si eso no es posible, como mínimo no dejar que nos afecten los malos rollos de los demás.
Tampoco es de extañar que haya personas que aborrezcan las fiestas por uno u otro motivo, o incluso que lo pasen mal porque han sufrido pérdidas importantes en estas fechas y el hecho de ver a todo el mundo de celebración aumenta su tristeza. Si os encontráis en esta situación, es un buen momento para practicar la aceptación: aceptar las circunstancias tal y como son e intentar que no dictaminen vuestro estado o humor. No quiero decir con esto que neguéis la realidad, como si nada pasara; simplemente que a través de aceptar vuestro estado de ánimo y vuestra capacidad de influenciarlo en el momento presente, independientemente de lo que os haya pasado o de lo que hagan los demás por estas fechas, podéis llegaros a sentir la mar de bien o, como mínimo, neutralmente, que ya es mucho. Ser agradecidos por lo que tenemos también nos hará ver las cosas de otra manera, y cambiar nuestros sentimientos a mejor.
Otro truco para mejorar las fiestas, al alcance de todos sea cual sea la situación económica de cada uno, es poner en marcha la creatividad para hacer regalos que demuestren nuestro amor por los demás (y, muy importante, que los conocemos: por favor abstenerse de regalar cosas que queremos para nosotros mismos…) sin dejarnos los ahorros y pasar un Enero de pena porque nos lo hemos gastado todo en Diciembre. Y si no hay dinero para regalos materiales no os preocupéis. Seguro que vuestros seres queridos apreciarán mil veces más vuestra presencia, cariño y apoyo que una chuchería cualquiera. Es un buen momento para practicar la tolerancia con la familia y el escuchar a los demás, demostrando que estamos aquí y aquí seguiremos. Seamos creyentes o ateos, las fiestas son una excusa para reunirnos y reafirmar los lazos entre nosotros, y eso es un tesoro de por sí.
Por último, de los propósitos para el año que entra… ¡Seamos realistas! Ni demasiado ambiciosos (lo deseado quedará más allá de nuestras posibilidades) ni demasiado perezosos (ya me entendéis). Seamos conscientes de lo que queremos mejorar en nuestras vidas, hagamos balance del año, de lo que queremos repetir y de lo que mejor dejaremos de hacer. Seamos concretos, con dos o tres propósitos verdaderos hay más que suficientes. Hagamos lo que podamos y a partir de ahí ¡a relajarse y disfrutar, que la recompensa está en camino!
Para los amigos reikistas, démosle más cabida al Reiki estos días, para purificarnos e iniciar el nuevo ciclo como lienzos en blanco. Para los no reikistas, un poco de meditación en estos días de cambio hará maravillas.
Para todos, ¡felices fiestas y próspero 2012!
Os lo deseo de corazón :)
Mar.


Un post molt bonic, molt interessant en la valoració profunda i pràctica del punt mig-equilibri, un tema filosòfic amb molta història.
Bon nadal a tothom!
Estimat Kiki,
és una alegria veure’t per aquests móns, benvingut :-)
Moltes gràcies pel teu comentari. Sabent que ets home de coneixements, t’animo a que ens facis cinc cèntims de la història d’aquest tema filosòfic, m’has deixat ben intrigada!!!!!
Un petonàs, P.d.C.,
M.